En casa me emociona profundamente ver esas primeras veces.
- Cómo aprende.
- Cómo mira el mundo con curiosidad.
- Cómo busca, cómo prueba, cómo se mueve.
Vivo una crianza con el menor ruido “externo” posible (o lo intento). Donde la naturaleza, el movimiento, la música y los materiales sencillos acompañan su desarrollo.
Donde hay espacio para moverse libremente, para explorar materiales pero a la vez jugar e interactuar, para ser.
Y donde, como familia, necesitamos tener energía para poder poner límites que abracen. Y aún en el medio del caos, tratamos de conservarla para lo que importa.